Los adornos parecen un árbol, que está sin hojas por tanto que ya ha muerto. Gran árbol, se ve que ha tenido mucha vida, pero le llegó el final. Todo lo que nace, muere.
Esto, memento mori, se le solía decir a los generales, en la antigua Roma, cuando entraban triunfantes después de una batalla, para que no se envanecieran.
La muerte queremos ocultarla pero también es bueno pensar en ella algunas veces, ya para no envanecernos o para estar preparados pues no sabemos ni el día ni la hora.
Encuentro a personas que han hecho comentarios con respecto a su muerte. Quiero morir con alegría, me decía una. Otros quieren morir sabiendo que se mueren para hacer ofrenda de su vida. Y las variantes son muchas pues también hay quien no quiere saber nada, prefiere que no le digan la verdad y morir sin saberlo.
Conozco a un señor que dice no le tiene miedo a la muerte, que tiene las maletas preparadas y está dispuesto a morir cuando Dios quiera. La verdad es que reza mucho y está siempre pensando en Dios y en su bondad y misericordia. Por tanto no es extraño que tenga esa paz interior y tranquilidad.
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