Fue mi primera experiencia en canoa. Éramos dos en cada
canoa, la canoa es de plástico, fuerte y nos dieron dos remos.
El descenso fue tranquilo y era maravilloso ver las laderas
del rio con tanta vegetación y el mismo rio con sus meandros, el gran silencio
y algunas viviendas al lado del rio.
Intentamos en cierto momento ir contra corriente, pero se
hacía muy difícil. No podíamos. Pensé que así pasa en la vida.
Llegando ya al mar nos arrimamos a un lado del rio, en algo
que quería ser arena. Desde luego
cansados y medio molidos, pues las canoas no tienen nada de comodidad y
vas mal sentado y mojándote, pero bueno, eso para los deportistas jóvenes, no es
nada.
Luego vino un coche con remolque a recogernos a todos y
llevarnos a casa sanos y salvos.
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