Ante un grupo de amigos, una señora contaba lo mal que lo pasaba en el trabajo, pues una
compañera la hacía la vida imposible.

Pero ella contaba que aquella situación ciertamente le
producía mal humor y amargura, pero todo eso desaparecía porque al llegar a
casa el hijo pequeño le daba un beso, los adolescentes le contaban sus planes y
le contagiaban la alegría de la juventud, y luego, su marido le hablaba , con
cariño y comprensión.
Todo eso recibía en la familia y le compensaba los choques que tenía en el trabajo. Esa acogida era como un bálsamo
benéfico que le ayudaba a superar toda clase de disgustos.
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