Ayer estuve
un rato en la iglesia haciendo oración y miré para el retablo de la Virgen de
los Dolores que están restaurando desde hace unos días en la iglesia de S. Cayetano, y “me habló”.
Los restauradores
están medio ocultos por los andamios y unas cortinas, pero tienen mucha iluminación dentro de esos andamios y allí están estos restauradores haciendo su labor
Estando allí
en oración noté que aquello que estaba viendo me hablaba, quizá de un modo
distinto, pero claro. Me acordé de Benedicto XVI que decía que un árbol es
palabra de Dios y que hay que escucharla.
¿Qué me decía
aquel retablo?
Veamos:
1º hay que
dejarse limpiar, eso sí no por cualquiera sino por gente que sepa.
2º no hace
falta que todo el mundo nos vea. Basta que quien sabe, nos vaya puliendo y dando color. Eso repercutirá
en el bien de los demás.
3º se necesita luz abundante, la luz de Dios, que nos centra en donde hay suciedad y así
poder quitarla. “Señor tu eres mi luz y salvación, a quien temeré?”, dice un
salmo.
Luego me
puse a escuchar a las imágenes empezando por las de la Virgen. He visto que
nunca la vamos a querer como Jesús su Hijo, siempre nos quedaremos cortos y que a Jesús le gusta que la tratemos bien.
Aun me quedó tiempo para mirar un cuadro del Corazón de Jesús que me “decía”: tengo corazón, un corazón que arde de amor por vosotros. Espero que haya correspondencia, quizá en pequeños detalles…
Salí de allí
contento de esta buena experiencia que ahora quiero comunicar a los que lo lean y que intenten acercar el
oído al mundo que nos rodea.
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