Romaño |
Siguiendo una costumbre de años fui haciendo un paseo sin prisas acompañado de Antonio Puga, esta vez desde S. Juan hasta Ponte Romaño.
Pasamos por Rúa Torreira encontrando mucha soledad , nadie estaba en la calle, solo vimos a una señora arreglando el jardín. Nos paramos y charlamos un rato con ella.
Luego nos metimos por unos caminos secundarios yendo a parar al rio Sarela y a través de un puente rústico pudimos pasar al otro lado y admiramos la belleza de los márgenes y del agua. Desde allí subimos a Ponte Romaño.
Encontramos un señor que nos atendió amablemente y que coincido a veces con él en el autobús. Fuimos a ver a una persona impedida, pero no abrieron quizá no podían en aquel momento. Dimos una vuelta y vimos hermosas viviendas, bien cuidadas. Encontramos a una señora que venía de la compra. Su nombre es Carmen y se alegró de vernos y pudimos cambiar impresiones.
Luego subimos una empinada cuesta hasta el Romaño. Son unas 5 ó 6 viviendas. Nos recibió un perro que no cesaba de ladrar y dar vueltas. Como no veíamos a nadie me atreví a llamar a un timbre y salió una señora a quien explicamos la razón de nuestra visita. Le hice dos preguntas. ¿Hay niños? ¿Hay enfermos? Nos contestó amablemente y nos despedimos.
Ponte- Romaño
Cuando bajábamos hacia la carretera general, se acercaba una moto en nuestra misma dirección y el chico que la conducía tuvo el detalle de pararse a nuestro lado. La moto era impresionante, grande, potente, color negro y el joven que la llevaba tenía cara de buena gente.
Le felicité por su buena moto que según él con ella se podía ir hasta el fin del mundo. Le expliqué lo que hacíamos por allí, cosa que le gustó. Se llama Marcos y se dirigía al trabajo. Le deseé lo mejor y desde allí di una bendición a todo el recorrido que habíamos hecho. Bendije la zona. Y luego, más adelante, a esperar el autobús para volver a casa.
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