Fui a ver a una señora mayor y algo enferma
y le llevé la S. Comunión. Yo le llamo Mary Poppins, pues me recuerda a la protagonista de esa famosa película. Viste
como ella y se pone elegante para recibir al Señor. Lo hace por el Señor que va
a visitar su casa. Recibe a Dios y no puede hacerlo de cualquier manera.
Al terminar, me despedía pidiéndole oraciones y su hijo me
acompañó a la puerta. En ese pequeño
recorrido me preguntó si rezaba por él,
pues él lo hacía todos los días por mí. Me dejó impresionado pues no me
lo esperaba. Desde luego le prometí corresponder rezando yo también por él. Ya está en el número de mis bienhechores.
Cuando llegué de vuelta a la parroquia estuve sentado en las
escaleras del atrio, a la sombra, hablando ,y sobre todo, escuchando a Alberto. Cada
vez me cuenta historias más fantásticas como sacadas de las páginas de sucesos
de los periódicos. Con tal de impresionar, hace lo que sea. Al final pide mucho, pero se
contenta con poco. Le despido con afecto sincero. No sé si reza por mi, pero espero conseguirlo.
Al poco tiempo llegó Gregorio un ambulante que ahora quiere
hacer el camino de Santiago por un amigo que estuvo al borde de la muerte.
Viene bastante bien vestido, es más bien joven y está bien afeitado dejándose una bonita perilla, según la moda.
Le di
para un café y también me dijo que rezaba todas las noches tres avemarías y una
de ellas era por mi. Alguna vez se lo pedí y ya veo que mi petición cayó en tierra buena. Pero no
dejó de sorprenderme que se acordara y lo dijera con toda naturalidad.
A veces los sacerdotes hacemos “milagros”, pero ya se ve que
la fuerza viene de lo alto y gracias a tantas intercesiones de quienes están en
la cruz y la precariedad.. Cuando lleguemos al cielo nos pasaremos unos años
agradeciendo y sorprendiéndonos por estas gracias.
Nota:las fotos las saqué de internet.
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