
Tengo la sana costumbre de leer todas las mañanas un trocito
del Nuevo Testamento. Hoy leí la II carta a los Corintios y me encontré con un
pensamiento que ya conocía, pero hoy fue como si brillara de un modo especial.
Tal vez es porque estaba pensando en las gracias de la Cuaresma.
Dice S. Pablo “no
recibáis la gracia de Dios en vano”. Me pareció entender que yo recibo
muchas gracias de Dios, tengo muchas oportunidades del bien, y hay gente que
reza por mí o al menos así me lo dice.
Pero, ¿cómo aprovecho esa lluvia de
gracias? Me dio, esa lectura,
para hacer
un pequeño examen de conciencia y me acordé del dicho popular de no recibir los
tesoros en saco roto o
lo que dice la
misma Biblia de cuando tenemos el ánfora agrietada. O tal vez, lo que a veces
experimentamos, de aquello de que, por un oído me entra y por otro me sale.
Ahora en Cuaresma, basta oír Radio María, hay infinitas
oportunidades que nos pasan por la puerta. Charlas, retiros, jornadas
pastorales, sacerdotes disponibles para hablar etc. Cuanta cuenta
tendremos que dar a Dios por tanta gracia. Como dice la conocida poesía, loco
debo de ser, pues no soy santo. Es posible que al final de nuestra vida, nos encontremos con las manos vacías y sin tener disculpa que dar.
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