Este titular
me gustó. Lo encontré en una revista de los teatinos dedicada, toda ella, a la
familia.
Se habla poco de la familia a mi parecer, hay
como un silencio que tapa toda su belleza. Es como un precioso cuadro pero que
no se ve, no está en primer plano y bien iluminado, a pesar de lo importante
que es y de los grandes bienes que
proceden de las familias bien constituidas.
En una
ocasión encontré en los jardines de S. Cayetano , un vecino y amigo, y lo vi
muy alegre. Le pregunté cómo es que estaba tan alegre, y, su respuesta fue rápida y contundente: mi mujer me quiere.
Supongo que también se podrá decir a la inversa cuando una mujer está alegre,
seguramente es que tiene conciencia de
que su marido le quiere. ¿Cómo se sabe?, pues amar es servir, cuando hay obras
de servicio, hay amor.

Si un hijo sale
autista, por ejemplo, los padres lo
quieren por el hecho de ser hijo suyo y ayudan en sus deficiencias.
Pero volvamos
a la familia. Veamos cuales son los grandes
modelos. Uno es Dios mismo en el que hay
tres personas y un solo Dios.
Otro modelo
es la familia de Nazaret: Jesús,María y José.
No les faltan dificultades y temores, basta
pensar en la huida a Egipto, pero es modelo de familia en donde cada miembro
colabora y vive para los demás. A esta familia hay que mirar y encomendarse.
El papa Juan
Pablo II decía que les gustaba que le recordaran
como el Papa de la familia a la que dedicó muchas reflexiones y escritos. Incluso
declaró un año como año de la familia a
la que ponía como el gran remedio a la
degradación social y a las plagas de la violencia, las drogas y el crimen
organizado. Decía en concreto: la familia ha de estar unida, ser sana
moralmente y comprometida con la vida civil.
¿Cómo conseguirlo?:
con voluntad y gracia de Dios.
En los Hechos
de los apóstoles (C.18,8) se cuenta la
conversión de Crispo y de cómo con él, se bautiza toda la familia. Si uno de la
familia mejora, toda la familia mejora, cosa
que debiera hacernos más responsables de nosotros mismos.

Estos días tuve
una breve conversación, con una señora ya mayor, en que me habló de su marido
fallecido hace unos 15 años y me comentó de él que era un bendecido de Dios y
me explicó que rezaba el rosario todos los días y que si veía que ella se había
olvidado lo volvía a rezar con ella para ayudarle y que cuando iba a Misa era de los primeros
en llegar a la iglesia. Todo eso y otras
cosas, le había llevado a considerarlo un bendito de Dios.