sábado, 20 de enero de 2018

La calle de San Cayetano




Hace pocos días un argentino, de ascendencia de Santiago, me preguntó por la calle de S. Cayetano y por un número concreto.

De esta calle no queda nada,  a no ser unos dinteles que se incrustaron en la pared de la  iglesia como recuerdo de las 21  viviendas ,vivideras , y con su huerto,  que fueron de la  capilla (ahora parroquyia) y que luego se alquilaban  para pagar, con los alquileres, al capellán. 

Después  fueron pasando a las manos de los inquilinos. Pero  todo esto,  desapareció.

 Las casas fueron derruidas en el año 1974 en el mes de junio, y con ello desaparecieron  algunas cafeterias que tenían buen vino y  buen café y que eran  frecuentadas por gente del centro de la ciudad. 

 También  hubo un fielato que controlaba por  esta zona norte,  el paso de  los productos del campo para ser vendidos y que tenían que pagar. Desapareció antes de derruirse la  calle.

El ministerio de vivienda hizo unas viviendas con 4 pisos, más modernas y mejor acondicionadas que las antiguas. Aunque de aquella no se hicieron ascensores que,  de momento, no se echaron de menos pues la gente era joven y  aun no se habían popularizado como ahora.

En el lugar de las viviendas se amplió la calzada y se plantaron árboles y quedaron espacios amplios de esparcimiento.

De esta antigua calle quedan algunas fotos, no de mucha calidad, pero es lo que hay.








La hostia y le cáliz eran el distintivo de la casas de la capilla


miércoles, 17 de enero de 2018

Renovar el sí




Escuché por la radio,  el relato de una señora recién viuda , con 4 hijos, en el que, entre otras cosas, decía que  en sus  años de matrimonio todos los días renovaban el sí quiero,  ella y su marido. Eso les matuvo enamorados y, cuando llegó la enfermedad y la muerte, fue de gran consuelo y fortaleza.

Me  pareció una idea buena, pero es que además  el papa en Chile se  le dijo a los religiosos y sacerdotes reunidos en la catedral: que renovasen su si al Señor.

El  Sí de María
Se ve que el Espíritu santo inspira la necesidad de renovar el sí, pues las lámparas,  por falta de aceite, se apagan, hay que ponerles aceite para que sigan alumbrando.

 Ese aceite es la  formación que concluye en el sí o el te serviré,  a Dios. El non serviam, no te serviré,  suena desde el paraíso en boca del demonio  y de sus seguidores.

Luego hay que concretar, de un modo personal esa renovación del sí. Renuevo mi puntualidad, el orden, la sonrisa aunque no tenga ganas, el ser positivo viendo lo bueno de las cosas, el buen humor y tantas cosas mas, como es la piedad o el trato con Dios. Cada uno ha de ver su propia necesidad.

No podemos dejar que nuestra entrega  se vaya apagando y perdiendo.

La Virgen es titulada la mujer del Sí, porque no sólo dijo Sí en la Anunciación,  sino toda la vida, también en el Calvario.