sábado, 18 de enero de 2014

Tenía hambre de Dios


La parroquia es una fuente constante de anécdotas. Como no quiero que se pierdan,  ahí van algunas recientes.

Una señora mayor  que viene todos los días a la Santa Misa tuvo que ausentarse unos días a cuidar una amiga y con tal motivo se pasó una semana sin poder ir a Misa y  ni siquiera a visitar al Señor por un momento.
 Cuando llegó de vuelta,  decía que tenía hambre de Dios, de llenarse de Dios y se fue a la iglesia de las Huérfanas, aquí en Santiago,  en donde está el Santísimo expuesto constantemente y allí se pasó toda la mañana para llenarse de Dios. Vino feliz y contenta de ese encuentro. Desde luego Dios llena y no defrauda, es nuestro amigo que no nos deja solos.


Otra persona también mayor,  en distinta parroquia,  vino a apuntar una misa.
 Le pregunté por quien era la Misa,  y,  casi se echa a llorar. Me dijo que era por su marido que había muerto hace poco y que llevaban más de 50 años casados y habían tenido 8 hijos. Yo le di la enhorabuena por esos hijos y le dije que si hay amor el trabajo cansa, pero no cansa. Al menos,  eso es lo que me pasa a mí.

 Ella me dijo: tiene Vd. razón porque yo tuve a mi marido 4 años impedido y me dio mucho trabajo, pero también  lo hice con amor y no me cansaba, seguiría más años con mucho gusto de tenerlo cerca de mí.
Hay un dicho de que el amor da alas, y es cierto.Cuando se ama se quiere estar cerca de quien amamos y hacemos lo que sea para que esté feliz y no nos cansamos y además este amor nos da ideas nuevas de como ayudar al necesitado.
¿Cómo conseguir este amor? -  pues poniéndonos cerca de Jesús, siendo sus amigos,   para que él nos lo trasmita.
.

jueves, 16 de enero de 2014

Casimiro Torres Pombo, era verdaderamente un padre.



Falleció D. Casimiro en el Hospital Provincial la tarde del 16 de enero, muy pronto sonaron los teléfonos y se cruzaron los mensajes dando la noticia.

En Tierra Santa
D. Casimiro era un padre y todo un señor.

 Le traté más de  40 años y cuando le visitaba siempre tenía la sensación de ser importante para él. Dejaba todo, te mandaba sentar y luego hablábamos de todo sin prisas. Le importaba mucho la Iglesia, los sacerdotes y la familia. Le hacía sufrir los ataques a la Iglesia y sus instituciones que venía a veces de gente con medios poderosos. Otras veces eran los propios hijos de la Iglesia que la dejaban mal parada. Estas eran siempre sus conversaciones.
con Luciano Franquin, seminarista del Brasil
estudiante en el Bidasoa

Yo aprendí de él la importancia del Camino neo-catecumenal, su espíritu y su carisma de apostolado con los alejados.

La parroquia de Muros fue la primera de Galicia que acogió las catequesis del Camino y vio nacer las primeras comunidades. Estas comunidades tenían interés en formarse, manejaban la Biblia y se confesaban con frecuencia. Esto le  ayudó a Casimiro a sentirse verdaderamente sacerdote,  padre y guía de santos. Recuerdo  en el Año sacerdotal en Roma que un obispo alemán dio una charla sobre el sacerdocio y contaba que cuando los laicos le preguntaban cómo podían ayudar al sacerdote,  él les contestaba: confiésate con él.

Aunque se dedicó a fondo a colaborar y vivir el  Camino, estaba abierto a todas las realidades eclesiales y disfrutaba viendo como el Reino de Dios era construido por diversas y variadas manos.

En la Parroquia, prestó atención a la catequesis de niños, mantuvo una hoja parroquial semanal muy interesante, atendía  las novenas y procesiones etc. de esa labor salieron buenas vocaciones sacerdotales.

con otros sacerdotes en Tierra Santa
En una ocasión hablamos de la fiesta de Corpus que en Muros se celebra con mucha solemnidad.
 Entre otras cosas me explicó que adornaban la propia custodia procesional con florecitas pequeñas y que así iba el Señor en la procesión. Luego esas flores se las llevaba la gente  para dárselas a los enfermos que así se unían a la fiesta.
 Me pareció tan bonita esa costumbre que la introduje en mi parroquia de San Cayetano desde hace años y con la entusiasta aprobación de mis feligreses.

En los meses de verano,  ir a ver a D. Casimiro con los seminaristas del Seminario Internacional Bidasoa que vivían en mi casa, era una visita obligada. Aprendían mucho los chicos. 
Veían un cura mayor, ya retirado, pero alegre, conocedor de la marcha del mundo y que se interesaba por ellos y sus países generalmente americanos.
 A los seminaristas les daba unos fantásticos consejos pastorales y sacerdotales que no creo que se le olviden. También, a escondidas, les daba una buena propina, pues no le gustaba que un seminarista tuviera el monedero vacío del todo y no pudiera disponer de algo para un capricho.

Aunque no se ve en la foto, detrás está el Lago de Galilea
Llevó su jubilación con dignidad. Rezando como un monje y rodeado de libros y revistas de actualidad. Recibiendo gente y celebrando la Santa Misa en la Iglesia a pesar de que le costaba mucho moverse. Que Dios le conceda el ciento por uno y un  puesto en las “bodas del Cordero”.

 El funeral fue en Muros en una iglesia estupendamente iluminada y arreglada. Lo presidió el Sr. Arzobispo y  estaban a su lado el vicario de Pastoral y el párroco de Muros. Los sacerdotes asistentes fueron unos 50. Cantó la coral y algunas canciones el Camino Neocatecumenal. El Sr. Arzobispo habló de su afecto y cariño a la gente que a veces no demostraba externamente.

 Al final el responsable del Camino dio las gracias a D. Casimiro por tantos desvelos por la parroquia.
 Pude hablar con su hermana que me contó sus últimas palabras:  "Non te disgustes porque vou para o Reino."

Víctor Manuel Sánchez Lado
Párroco de S. Cayetano
En S. Cayetano la boda de Pilar y José Antonio
D. Casimiro a la izquierda de la foto.


martes, 14 de enero de 2014

D. Enrique Reigosa, un sacerdote bueno.


El lunes día 13 de enero fallecía en el Hospital general de Galicia, el clínico, D. Enrique Reigosa García, sacerdote de esta diócesis desde 1958 a quien he tratado durante muchos años.

Santo Tomé de  Quireza
Estuvo casi siempre en la parroquia de Santa María de Figueiras  a la que amaba entrañablemente y era correspondido por sus feligreses. Cuando le preguntábamos por sus feligreses siempre los defendía, como las madres, con razón o sin ella.

Llevaba tiempo – años – enfermo con diversas dolencias bastante graves, pero que las
 llevaba con buena cara y sin darles mayor importancia. No le impidieron atender a la parroquia ni confesar en la Catedral.
En la Catedral pasaba muchas horas dedicado al ministerio del sacramento de la penitencia. Iba todas las tardes y a veces a las mañanas. Tanto amor ponía  que no le costaba e incluso en las últimas semanas, teniendo dificultad para andar, lo solucionaba pidiendo un taxi que lo llevaba y lo traía de nuevo a su casa.
Yo me tengo confesado con él y  daba un consejo directo a lo que le decías, siempre breve, y  con una gran comprensión y cordialidad. Tenía este carisma.

Enrique Reigosa García




Le gustaba mucho la música y tenía estudios sobre la materia. Conservo un recuerdo suyo musical de estos últimos días. Le pedí que pusiera música a una conocida comunión espiritual y lo hizo con mucho gusto. Conservo unos pentagramas con su letra ya vacilante, pero con una bonita melodía.
Cuando estaba en el Hospital le comentaba a su sobrino cuanto le gustaría tener allí un piano para entretenerse con la música. Ahora, en el mundo  de Dios, como me decía un niño de catecismo quedará extasiado con los coros de los ángeles y con la música celestial.

retablo de la capilla mayor
Era un sacerdote con cara y gestos amables. Era bueno de verdad, sin malicia. Ponía un gran amor a la Ssª Eucaristía que recibía en el Hospital con especial devoción que edificaba a los presentes.

Panteón de un antepasado de D. Enrique
Buscó, por vocación, ayuda espiritual en la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, para reforzar su vocación de sacerdote  secular diocesano y para alcanzar la santidad en el ejercicio de su ministerio, según la  ascética propia del Opus Dei. En su trabajo pastoral dependía sólo del Obispo y sólo al obispo daba cuenta de su labor. Tenía amor a la diócesis y se sentía bien unido al presbiterio diocesano, viviendo la fraternidad con todos los sacerdotes.
Asistía con gusto a los medios de formación de la Obra. Últimamente, aunque no podía moverse, pretendía que le lleváramos a esos medios, porque “ me anima tanto esa formación”, que no le gustaba nada perder aquella oportunidad.

Descansa en paz
Estuve en el velatorio en el tanatorio de Boisaca y eran muchas las personas de su parroquia que se acercaban a rezar y, disimuladamente, limpiaban las lágrimas consecuencia del cariño y de la emoción que, sin duda, sentían. Será enterrado en Quireza, su tierra natal.
Puse mi firma en el libro de firmas con esta jaculatoria: ”El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quien temeré?.

El funeral fue en Quireza tierra natal de Enrique. Lo presidió El vicario de Pontevedra D. Calixto Cobo quien habló sobre la necesidad de sacerdotes y de acudir al Señor para pedírselos ya que nos dice venid a mi.
 Asistieron  unos 25 sacerdotes y numeroso público especialmente de Figueiras.
 Al  final una joven de Figueiras leyó un escrito redactado por varias catequistas y colaboradoras de la parroquia, dando gracias a D. Enrique por su labor y entrega pastoral.
"Queremos testimoniar con nuestra presencia aquí, el pesar que sentimos por el fallecimiento de D. Enrique, pero también y sobre todo, mostrar nuestra gratitud por tantos años de entrega y dedicación a todos nosotros.
una vista de Quireza
Sabemos el esfuerzo que él ha realizado por sus feligreses, incluso a pesar de que su salud, en ocasiones, no lo acompañaba. por mucho que se diga, siempre será muy poco.
Él tan buen músico y compositor, hizo de su vida de sacerdote, una sinfonía de dedicación a los demás, fuera cual fuera su estado: niños ancianos, jóvenes...sufría con el enfermo y su familia y se alegraba con aquel o aquella que tenía un motivo para reír...
Gracias D. Enrique por su entrega como sacerdote y como amigo.
Gracias,  Señor, por habernos enviado un pastor que entregó  su vida al servicio del Evangelio"...









sábado, 11 de enero de 2014

La visita a un enfermo

Hoy me llevé una alegría, pues me llamó un amigo para que fuera al hospital en donde un feligrés, enfermo y amigo de ambos, quería verme. Le empecé a encomendar y le fui a ver enseguida.

Mi primera experiencia es que cuando un enfermo pide al sacerdote todo el mundo se doblega a su deseo. Por algo en la carta de Santiago dice que si alguno enferma llame a los presbíteros de la Iglesia. El enfermo  es el primer responsable, el primero que tiene que llamar.

Una  de esas ventanas del clínico daba a la habitación
Luego  cuando llegué y  le vi,  estaba con su mujer que le acomodaba en el asiento al lado de cama. No tenía dolor pero estaba cansado.
 Al llegar nos dijo a los dos una  cosa que me llamó la atención: “venimos en blanco y hay que marchar en blanco”.

 Esta expresión  nunca la había oído pero es bien bonita. El bautismo nada más nacer nos ha puesto con el traje blanco de la gracia. Luego nosotros lo hemos manchado y, tantas veces también,   lo hemos limpiado con la confesión y …cuando se acerca el momento de presentarse ante Dios no hay más remedio que mirar cómo vamos y ponernos de  nuevo en blanco,  cosa que nos proporcionan los últimos sacramentos. Además vamos a las bodas del Cordero, y a unas bodas hay que ir bien vestido y preparado.



Que grande es El Señor que nos tiene todo previsto para que podamos adentrarnos en la eternidad sin miedos y con paz.

viernes, 10 de enero de 2014

Juan Pablo II, velatorio.

En preparación a la beatificación de Juan Pablo II quiero difundir alguna de las anécdotas que han publicado los libros.

La de hoy es de cuando los venerables restos del Pontífice fueron trasladados a la Basílica Vaticana. Empezó la peregrinación mundial que semejaba un abrazo afectuoso y agradecido al hombre que de manera incansable había caminado como peregrino del Evangelio por los senderos del mundo.
Durante la primera noche, mientras la muchedumbre pasaba en silencio y con lentitud delante del Papa, me oí llamar por un hombre que se había acercado a las vallas que se habían colocado para delimitar el espacio entre la muchedumbre y el féretro.

Me dijo: "Padre, quisiera arrodillarme delante del Papa. ¡ayúdeme a pasar por favor!".

Con amabilidad pero también  con un poco de firmeza, le contesté:"¡Señor , compréndalo: hay tanta gente!...No es posible. Tienen que contentarse con pasar por delante"...
El buen hombre insiste. Me toma la mano y casi con lágrimas en los ojos, me repite: "tengo que arrodillarme delante del Papa. Tengo que darle las gracias. Yo había perdido la fe y me había alejado por completo de la Iglesia. La fe de aquel hombre - y apuntó con el dedo hacia el Papa -  me ha devuelto la fe
Lo dejé pasar.
Se acercó y rezó de rodillas
Quedé detrás de él y me di cuenta de que estaba llorando, presa de una incontenible emoción.
Luego se levanta y se aleja ( en:  Dejadme ir a la casa del Padre)