martes, 20 de noviembre de 2018

Alejandro Barral Iglesias, canónigo emérito



Falleció D. Alejandro en esta madrugada , poco después de las 4. Llegó con paz al puerto,  después de haber sido atendido espiritual y  materialmente. Tenía 88 años de edad  y cumplía 61 años de sacerdote. Nació en el Grove dentro de una familia cristiana y practicante.

De él recuerdo la buena acogida que me hizo en el arzobispado cuando  yo era un sacerdote joven, casi recién ordenado. No puedo olvidar su sonrisa y su trato amable ante mis preguntas y problemas.

Pasado el tiempo tuve su consejo para la decoración y mejora de la iglesia de Vimianzo en donde estuve de cura  ecónomo por 4 años.

 Tuvo D. Alejandro la buenísima idea de revestir las columnas de  ladrillo visto y  rebajar el arco del presbiterio con un gracioso arco también de ladrillo visto, todo lo cual todavía luce en la iglesia, y la hace acogedora.  Ahora,   con otras mejoras que hicieron los curas posteriores.

Estuvo conmigo en S. Cayetano, en donde fue nombrado vicario  y estuvo unos dos años. Allí le conocí más de cerca y en otros aspectos, además del arte.
 Recuerdo que tenía un gran carisma para los jóvenes y se le veía con frecuencia rodeado de ellos. Lo vi también creativo en la pastoral de padres y hombres, a quienes formaba con retiros y otras actividades.

El templo de S. Cayetano bajo su dirección adquirió un aire moderno y a la vez funcional. Fue audaz en la  realización de  mejoras que agrandaron su capacidad. Se mejoró el pavimento, se enlucieron las paredes que así lo requerían, se limpiaron  los arcos de la pintura que tenían, quedando muy bellos.

Bajo su dirección se restauró el retablo mayor,  obra que realizó el escultor y tallista Luis Sande y que se puede ver ahora en todo su esplendor. Cuando  D. Alejandro se marchó de párroco a Conxo,  ya quedaba hecho lo más importante y comprometido.

Dedicó tiempo a bastantes iglesias de la diócesis, que quedaron muy dignas como la de Muros con sus lámparas y relicario, o la de Carril que parece una catedral y otras. En todas ellas manifestó su buen gusto y estética.

También dejó huella en la catedral en donde pasó varios años con diversos cargos,  relacionados con el arte.

 Pero en todo este tiempo no dejó la pastoral y  la dirección de almas; de sus consejos espirituales surgieron diversas  vocaciones, al menos una al seminario y  esta ya lleva años de sacerdote y otras al Opus Dei o conventos.  En esto era muy discreto y prefería no hablar.

Escribió varios libros como se puede comprobar mirando en internet tanto él solo,  como en colaboración. Son libros que tienen que ver con la historia y arte de Compostela.

Tenía una gran memoria y su conversación era precisa y amena, teniendo una gran facilidad para la amistad.

Capilla de las reliquias
Esta mañana estuve en el velatorio instalado en la Capilla de las reliquias de la catedral. Había un acetre, dos grandes candeleros de plata con cirios encendidos. Detrás el gran retablo de las reliquias,  obra de Magariños, y alrededor los sepulcros de D. Alfonso IX de León, padre de Fernando III el santo, D. Fernando II  rey de León, Dª Berenguela y Dª Juana de Castro reina de Castilla.

Doblaban las campanas pausadamente, iban pasando sacerdotes y también algunas  mujeres que rezaban, y el recinto rezumaba silencio y paz.

Que el Señor le conceda el descanso eterno y el verle cara a cara.

 El día antes de morir,  que pude estar con él y estaba consciente, repetía esta jaculatoria como saboreándola: in manus tuas Domine,  comendo spiritum meun. Ahi se puso en buenas manos para siempre.

Víctor Manuel Sánchez Lado,
párroco de S.Cayetano

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