viernes, 10 de abril de 2020

Monjas de clausura en Bangladés rezan las 24 horas del día por el fin de la pandemia



Piden el consuelo de Dios para los enfermos, médicos, enfermeros y voluntarios que luchan contra el virus. También ofrecen ayunos y sacrificios. El aislamiento en que viven las personas en este momento es similar a la clausura, el estado en que ellas viven normalmente.

 (Sumon Corraya/AsiaNews) Al cruzar las puertas del monasterio, ubicado a 120 km al norte de Daca, es impactante el silencio general, pero también el canto que proviene de la capilla, dulce y triste a la vez. La superiora de las clarisas (contemplativas, con adoración perpetua de la eucaristía), la Madre Mary Rose, explica que sus hermanas se dedican a la oración en forma continua, las 24 horas del día, para que el mundo pueda superar la pandemia de Covid-19: «Rezamos con lágrimas en los ojos y alzamos las manos al Cielo. Hemos visto tanta gente luchando contra el coronavirus, en Italia, España, Francia, Estados Unidos, y en tantos otros países. Con la oración, suplicamos a Jesucristo para que salve al mundo de esta enfermedad mortal».



En Bangladés hay dos monasterios de clarisas: uno se encuentra en Mymensingh y el otro en Dinajpur, en el norte del país. En total, hay 34 religiosas. Cuando el Papa Francisco visitó el país en el 2017, ellas donaron 50.000 formas para la misa celebrada por el pontífice.

La Madre Mary Rose subraya que ellas ruegan por todos los infectados por el virus, pero también por los médicos, enfermeros, voluntarios y por todos aquellos que atienden a los pacientes. «Rezamos también por los científicos –agrega– para que pronto puedan hallar una vacuna contra el Covid-19».

Además de las oraciones, las religiosas ofrecen su ayuno y sacrificios, y piensan que la crisis epidémica podrá resolverse pronto. «Dios nos está probando. La gente se ha alejado de Dios, cometiendo pecados. Ahora es necesario convertirse. Personas de credos diferentes están orando al Creador y viven en casa, ‘en una clausura’, tal como nosotras vivimos todos los días. Creo que Dios escuchará nuestras súplicas al unísono, y pronto nos consolará».

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