lunes, 8 de enero de 2018

Miguel Botana Vaamonde, sacerdote




D. Miguel nació en Cambados el 15 de junio de 1931. Se ordenó de sacerdote en 1953, y falleció el 7 de enero de 2018, en Santiago.

Estuvo un tiempo de párroco en Santa María de Caamaño, cerca de Porto do Son. Vino luego para Santiago a la parroquia de Santa Salomé y San Fiz.

En Salomé hizo una pastoral variada, tenía una buena coral que actuaba con frecuencia en las celebraciones de la parroquia que solemnizaba. 

Trajo para  su parroquia y para Santiago el Camino Neocatecumenal en el que se implicó con  gente joven que el mismo personalmente invitaba a participar en las catequesis de adultos y luego muchos se quedaban, siendo  a su vez apóstoles de otros jóvenes. Todavía  hoy son muchos los que le recuerdan con cariño y agradecimiento. 

Se hizo famosa la Misa de las 9 de la tarde en los domingos y festivos. Era  la última Misa de Santiago que aprovechaban los estudiantes que venían para las clases del día siguiente y también  les venía bien a  los que habían ido a las playas en el verano.  Esa  Misa estaba siempre llena de fieles.

Era muy inteligente y tenía buenas condiciones humanas que le hacían un apóstol  eficaz. Era también lo que se suele llamar, un “manitas”, pues tanto arreglaba la rueda de una bicicleta, como un enchufe o un problema de altavoces. De hecho, siendo ya mayor se subió a una escalera para arreglar una luz y estuvo a punto de hacerse daño por causa de una caída.

Era muy generoso con los pobres que le estaban muy agradecidos. Estaba preocupado por los que dejaban la Iglesia y se lamentaba de su alejamiento de Dios, esto lo comentaba mucho.

Sus predicaciones eran con frecuencia sobre el amor de Dios y su misericordia. Un Dios que nos quiere y perdona.

Se le notaba fe, especialmente al celebrar la Santa Misa y a muchos le atraía esa fe y  le gustaban  sus homilías, pues decía lo mismo, pero no cansaba, sus palabras eran  nuevas.

 A varias personas les he oído que les hacía  bien ver con qué fe celebraba la S. Misa y en especial el momento de la consagración. Uno me contó que había acompañado a esa iglesia de Salomé a unos alemanes que eran protestantes, quizá luteranos, y quedaron impresionados por la tranquilidad y amor con que consagraba. Ese mismo,  me decía que D. Miguel le había dicho que  en la ordenación había pedido al Señor celebrar siempre la Ss. Eucaristía con ilusión y devoción, como la que tuvo en ese día de su ordenación.

Era amigo de la gente y de un modo particular apreciaba  a los jóvenes y a las parejas de novios que conocía.
Era también muy querido por los niños que en la Misa le iban a dar la  paz y a veces también los no tan niños se metían en la fila .

Llevó la enfermedad con paciencia y obedeció a las sugerencias de los médicos. Recibió con agradecimiento  la atención espiritual que le ofrecieron sus compañeros sacerdotes . Descanse en paz y que siga intercediendo por todos.

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