jueves, 7 de noviembre de 2019

D. Ángel Saavedra Meijomide, párroco emérito de Marín.



Nació en Santiago, en el barrio de S. Lorenzo en febrero de 1924. Falleció en la primera hora de la tarde del 5.11.2019. Estaba atendido  por sus compañeros, sobrinos y cuidadores, en la Casa Sacerdotal,  en donde se respira paz y tranquilidad.

Coincidí con él hace tiempo en las cenas de varios años,  de Noche Buena,  que se hacía en la residencia. Admitían  pequeños  bromas cariñosas   aquellos pocos que éramos.

 Me  tocó de estar a su lado en la misma mesa desde hace un año, en las comidas. Recuerdo que no quería dejarse servir a no ser que fuera necesario y, cuándo lo hacías, se mostraba muy agradecido. Lo mismo cuando le llevabas el andador que nosotros le llamábamos,  de broma,  el taxi.

A D. Ángel le visité varias veces en la enfermedad y con la mirada mostraba su agradecimiento, pues casi no hablaba.

Su labor pastoral  más importante fue en Marín. En esta parroquia pasó muchos años. De allí salieron vocaciones y nacieron grupos de cofradías o asociaciones que él cultivó con interés.
Iglesia de Nuestra Sª del  Puerto de  Marín.

 La segunda comunidad de catecumenales de Galicia  fue la de Marín. Estos hermanos estuvieron en el homenaje que le hicieron en Ares y también vinieron a  rezarle al tanatorio de Boisaca y cantaron el canto de entrada  de la Misa de funeral en S. Francisco.

En la Casa Sacerdotal con D.Pablo.
Tenía también la Adoración nocturna, la Legión de María, Caritas etc.

Era amigo de los pobres que ayudaba discretamente pero con generosidad y fue dando y regalando mucho de lo que tenía. No estaba prendido del dinero en ningún momento. 

Pregunté cómo eran sus predicaciones y me comentaron que muy interesantes y generalmente cortas, nunca pasaba de los 10 minutos, aunque si hacía falta  se prolongaba un poco más.

En Ares recibió un homenaje por sus 60 años de sacerdocio del que da amplia información la prensa y en el que recibió el cariño de muchos amigos feligreses de Marín o de Ares o de sacerdotes que pasaron por su parroquia participando en la labor  pastoral. 

Cuantos le conocieron lo recuerdan con verdadera veneración por su actitud y cariño sacerdotal. De hecho venían a visitarle a la Casa sacerdotal de muchos sitios , incluso de Madrid.

Como el grano de trigo, cuando muere,  se multiplica por cien, que su sacerdocio tambien se multiplique por cien.

Descanse en paz.


1 comentario:

  1. Muchas gracias, don Victor, por estos bosquejos de vidas ejemplares, en los que se ve tu amor al sacerdocio.

    ResponderEliminar