sábado, 16 de agosto de 2014

Santos con perro




Hoy es día de S. Roque y fui a visitar el santo a quien mi madre le tenía mucha devoción. No había día en que no le rezara un padrenuestro. Ya cuando pasaron los años le unió a Santa Rita y les rezaba a los dos juntos.
  A S. Roque  se le pone un perro a sus pies con un pan en la boca y a santo Domingo de Guzmán  también se le pone un perro:  A veces  un perro  fiel y  atento a sus pies y, otras, un perro en pie de guerra  con una antorcha encendida.
En la Biblia es conocido el perro de Tobías que junto con el ángel  le sigue en todo su recorrido  para  buscar novia en casa de sus antepasados en casa de Gabelo.  Ya a la vuelta se alegra cuando presiente que se acerca a casa de Tobías sénior  quien se da cuenta que su hijo ya vuelve,  por el alborozo del perro.
También en el evangelio el perro entra como participante en la parábola del Rico epulón. Le lamía las llagas a Lázaro. También se dice: no deis cosas santas a los perros. La cananea que tenía tanta fe le razona a Jesús que aunque nos es judía también le debe ayudar porque los perrillos comen las migajas que  caen de la mesa del amo.
 Encontré un día a un señor paseando con su perro por las calles de esta parroquia y entramos en conversación acerca de su perro. Y me dijo que le gustaría  ser con Dios como era su perro con respecto a él. Pues le obedecía con alegría, le defendía, jugaba  con él etc.  Y así me fue contando como él con Dios no era así pues no tenía la fidelidad del perro.


A esos santos  se les pone el perro principalmente  con el simbolismo de su fidelidad. Los santos fueron fieles a Dios y a su doctrina, fueron también luz del mundo como en el caso de Santo Domingo de Guzmán. Defendieron los derechos de Dios y la Verdad de su Amo. De ahí el perro con la antorcha.
En el caso de Santo domingo hay que decir que estando su madre embarazada,  soñó que era un perro bullanguero y con una antorcha en la boca iluminado la oscuridad. Después salió este santo.

El perro que se le pone a S. Roque llevando un pan en la boca es un episodio de la vida de S. Roque en que Dios le cuida por medio de un perro cuando está retirado en un bosque por no contagiar la peste a otros.

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