viernes, 18 de marzo de 2016

El paso de peatones




Me contaron del escritor Borges , que de un pequeño detalle o de una observación insignificante, hacía un bonito artículo. Voy a tratar de imitarlo aunque me quedaré lejos de su intuición

Se trata de los pasos de peatones o pasos de cebra.

 Hoy iba en mi coche y me acerqué a un  paso de peatones sin semáforo. Es sabido que en ese caso el peatón tiene siempre derecho a pasar. Pero  hay muchas maneras de pasar.

 Los peatones que hoy me tocaron eran  tres o cuatro, y pasaron lentos, con el freno puesto, parecían tortugas  cansadas y daba la impresión que se recreaban en ir despacio, eran como lo morosos a la hora de pagar. Y ¿los coches? Allá ellos, que esperen. Da tiempo a encomendarles sin prisas.

Otros en cambio, son diligentes, saludan al conductor como dando gracias y siguen prontos para que el otro también pase cuanto antes. Hay que agradecerles su  atención.

Hay también quien lleva el teléfono y se pone a ver los mensajes o a llamar y entonces no se preocupa de quien  viene, incluso a veces, si encuentra algo interesante en los mensajes,  se para en medio de la calzada, distraído en lo suyo,  desde  luego no por mal, hasta que le llega un  bocinazo que le despierta.

Otros son precavidos, miran bien,  hacen un estudio sicológico del  conductor que se acerca, gradúan la velocidad y tratan de entender la intención de parar o no del que viene  hacia él y, cuando se ven seguros, echan a andar. Son una buena imagen de la prudencia de la que se aprovecha algún  que otro conductor.

Por fin hay también quien entra en el paso de cebra sin mirar. Lo hacen adrede y que el conductor se las arregle. Y claro el conductor da un frenazo,  ya que no tiene más remedio.

Me contaron  que en una ciudad,  no había esos pasos para peatones  y en una ocasión iba un anciano por una acera y otro por la acera de enfrente. El que quería cruzar le preguntó al otro como había  pasado a aquella acera. La respuesta fue:  es que yo he nacido  en este lado.

Yo pasé una vez o varias,  como peatón, en rojo,  había semáforos. Miro para un lado y  para el otro, no viene nadie y paso sin más. Sin embargo recibí varios reproches. Un señor, alemán de  origen, me dijo: Eso en Alemania no se hace aunque sean las 4 de la madrugada y no venga nadie,  se espera el verde. Otra vez  fue un portugués que me  reprochó diciendo: qué dirán los jóvenes al ver su  mal ejemplo. Una vecina me  ve desde la ventana de su casa y me regaña con frecuencia cuando me encuentra. Pero todo esto,   ya sería otro capítulo.

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