miércoles, 23 de mayo de 2018

A mí, la familia me ayuda.



Ante un grupo de amigos, una señora contaba  lo mal que lo pasaba en el trabajo, pues una compañera la hacía la vida imposible.

 Los  que estaban allí, daban diversas y variopintas soluciones. Desde el que decía que merecía estrangularla,  hasta el que recomendaba rezar y tener paciencia pues estaba ganando del Cielo, pues el Cristo que recibimos en la Eucaristía es un Cristo que fue despreciado y abandonado.

Pero ella contaba que aquella situación ciertamente le producía mal humor y amargura, pero todo eso desaparecía porque al llegar a casa el hijo pequeño le daba un beso, los adolescentes le contaban sus planes y le contagiaban la alegría de la juventud, y luego, su marido le hablaba , con cariño y comprensión.

Todo eso recibía en la familia y  le compensaba los choques  que tenía en el trabajo. Esa acogida era como un bálsamo benéfico que le ayudaba a superar toda clase de disgustos.

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