viernes, 13 de enero de 2017

Conversación en el tanatorio




Fui al tanatorio a dar el pésame a unos feligreses. Hablé con la viuda que me contó cómo había sido el fallecimiento y luego recé un responso, como es costumbre. Al salir de la sala,  también fui hablando con los que encontraba por  allí.

 Me  encontré con un hijo con el que me paré, le saludé y tuve una conversación sencilla con él.

Le dije que no  abandonara a su padre. Es decir que rezara por  él.  Me  contestó que  era su padre quien le había abandonado. Me lo dijo con emoción,  a pesar de ser un hombre hecho y derecho. 

Entonces le expliqué que Dios es Padre y que nunca nos  abandona, que  confiara en  Él.

 No me dio tiempo a explicar que también tiene a la Iglesia que es como una madre que nos quiere y cuida, y que incluso su padre seguirá con sus obligaciones familiares aunque de otro modo. Esto habrá que dárselo en otra ocasión y en pequeñas dosis.

No le vi muy convencido  de mi afirmación contundente sobre la paternidad de Dios que  no pasa sino que permanece. Me da la impresión que no siempre sentimos a Dios como un Padre cercano, que nos quiere y que busca lo mejor para nosotros. Quizá  tengamos una idea, desde luego equivocada,   de Dios como un amo que es exigente y que no nos quiere tanto como dicen.

 Habrá que cambiar ese modo de pensar y de vivir.  Hay  que considerar la filiación divina cada día para que cuando lleguen estos momentos más  duros sepamos descansar de verdad 
en Dios.

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