domingo, 28 de julio de 2013

Reflexiones sobre el tren accidentado en Santiago


Pasaron unos días y he tenido tiempo de pensar sobre este acontecimiento y de preguntar y escuchar  a personas muy  diversas en cultura y formación. También  leí algunos comentarios en los periódicos. El pensamiento de fondo, para mi,  es que Dios nos habla también a través de estos acontecimientos y obligación nuestra es escucharle, poner el oído para entender algo de lo que nos está diciendo.

En primer lugar llamó la atención la grandísima solidaridad.
Quisiera poner  un ejemplo entre muchos. Una señora de Angrois,  en donde fue el accidente, llamada Mercedes Salvado, acudió rápidamente y dice: Eu cheguei y vinos todos tirados.
Rompemos a alambrada para subir a uns poucos que estaban nos vagóns.
Estaba una rapaciña de 16 anos, outro de 21 e un rapaz de 14. Eu collín a ese rapaz e decialle: cariño que no pasa nada; cariño que no tienes nada. ¿Qué te duele?:  E decíame que lle doía o cuello e xa lle puxeron un collarín.
 E despois quedou tranquilo e cando o atenderon  díxenlle ahora te van a llevar. E deille un bico no lado e preguntoume: ¿Señora,  cómo se llama?,  Contesteille que me chamaba Mercedes e díxome : no lo voy a olvidar jamás.
 Esa xente quería una palabra de alento, un cariño…ese rapaz que atendín non paraba de repetir: señora, no marche por favor, no marche.

Este es un ejemplo entre tantos, que no quería dejar de reseñar para que no se pierda su memoria. Esa ola de solidaridad se percibió en los médicos, enfermeras, ambulancias, bomberos, gente civil etc. Ojalá esa solidaridad y espíritu de servicio que llevamos dentro, tan del Evangelio lo vivamos en  la vida ordinaria, pues estas ocasiones tan extraordinarias se dan pocas veces, en cambio lo de todos los días está bien a la mano y podemos actuar todos y ,  como es sabido , muchos pocos,  hacen un mucho.

Una de las personas  a quien escuché me habló de la brevedad de la vida y como a veces la perdemos en cosas secundarias  sin mayor importancia, o a veces guardamos pequeños rencores y dejamos lo importante y lo que va a quedar y que es amar y servir a Dios y a las hermanos por Dios.

Recibí varias llamadas,  una llamada de una profesora en Osaka, japonesa desde luego y que se interesaba por si  yo iba en el tren o algún familiar o amigo mío. A pesar de no ser muy creyente decía que rezaba a Dios por todos los damnificados. Otra persona me llamó para darme un dinero para decir misas por los fallecidos y así, otros más,   comentando la tragedia.

Otra señora decía por qué ocurre todo esto con gente joven.
 ¿Qué pasa?  Parece como si Dios estuviera avisándoles y llamándoles a la conversión. En el Evangelio le cuentan a Jesús lo que pasó en el derrumbe de la torre de Siloé que murieron 17 personas que,  no eran peores que nosotros dice  Jesús, pero que a todos se nos pide la conversión.
No oí ningún comentario, como en otras ocasiones,  en relación con Dios, preguntando en donde estaba, como si El tuviera la culpa de esa desgracia. A esto hay que decir que el tren lo hicieron los hombres, las vías con sus curvas también  y que la velocidad depende también  de un hombre o de una máquina hecha por hombres y por tanto Dios no es responsable del uso de nuestra libertad.

Dios tiene que ver y, hará algo, si se lo encomendamos, si le  pedimos ayuda. Cuando salimos de viaje está muy bien pedir al sacerdote,  o incluso a los padres, la bendición de viaje o pedir a Dios un ángel más para que nos ayude en las necesidades que puedan surgir.

Por último también alguien me dijo que podía ser cosa del diablo o un castigo por tantos pecados. Creo que todo, también estos hechos, tenemos que verlos desde la misericordia de Dios; estamos en el tiempo de la paciencia de Dios y de la esperanza en su misericordia. Él ha entregado a su Hijo a la muerte en vez de mandarnos a nosotros que éramos los pecadores y , por tanto, no tiene interés en castigarnos sino en salvarnos.

Lo que Dios hace es sacar de los males, bienes. Del dolor, redención.

1 comentario:

  1. Caminos de hierro, rutas de tierra adentro. Qué triste me siento, qué cansado. Cuánta ilusión truncada y sueños. Un tren peregrino se fue al cielo. Descansen en paz los hermanos muertos.

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