miércoles, 5 de abril de 2017

El cuidaba a su mujer con Alzheimer




Yendo a visitar a un amigo sacerdote a un geriátrico, me encontré con un señor bastante joven que se me dio a conocer y me saludó. Me conocía de verme por la parroquia.

Vivía en esta ciudad y tenía a su mujer con  alzhéimer desde hacía tiempo, varios años.

 Siempre que iba, generalmente por las tardes, lo encontraba con su mujer que la llevaba en silla de ruedas y la paseaba por el patio  o la llevaba a la cafetería. Lo encontraba sonriente, amable.

 Yo le hablaba e intentaba  decirle algo a su mujer pero esta no se enteraba, aparentemente,  de nada. Aunque una vez la oí a una monja de un asilo de ancianos y me dijo que el cariño lo entienden todos.

Me llamó la atención este marido por  el cariño y la alegría con que  trataba  a su  mujer. Siempre igual. Le daba un paseo y pasaba con ella un buen rato pues cuando yo me marchaba él seguía allí tranquilamente. Y así todos los días.

 ¡ qué grande es el sacramento del matrimonio que da tal interés y tantas fuerzas para  hacer todo eso y sin darle mayor importancia¡;  ya lo dice la liturgia del matrimonio: en  la salud y en la  enfermedad, en la riqueza y en la pobreza…

Un día me enteré que la mujer había fallecido y fui al tanatorio a visitarlos. Estaba el marido con otros familiares y amigos. Me ofrecí a  rezarle algo y me agradeció la visita y las oraciones.

Cuando terminé y antes de despedirme le hice un comentario a los  presentes. Me parecía que aquella  enfermedad no era inútil sino para gloria de Dios y que tal vez alguien se convertiría por aquellos sufrimientos.  Durante años no se enteró de nada, en cuanto a cuidados recibidos pero ahora en el Cielo lo sabía ya todo y agradecería el trato recibido en particular por parte de su marido.

Cuando dije estas cosas  vi la emoción en los ojos  de algunos allí presentes  y yo mismo me sentí conmovido por esa bondad de Dios, que da la gracia y  la bondad de los hombres que no se paran ante las dificultades.

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