sábado, 17 de marzo de 2018

Un detalle con el Señor



Estuve en una residencia de ancianos para visitar a varios residentes. Les esperaba sentado en una butaca frente a la puerta que da a la capilla. Por aquel pasillo pasa todo tipo de  gente, electricistas, enfermeras, monjas y desde luego ancianos.
 
En un momento dado me llamó la atención una anciana que al pasar al lado de la puerta  de la capilla, la entreabre un poco y le habla al Señor que está  muy cerca,  en el sagrario del templo. Le cuenta cosas personales, le da gracias por esperarle allí y termina rezando un padrenuestro. Todo en voz alta  de modo que no se enteraba el que no quería.

Luego daba una vuelta y al volver por el mismo sitio hacía la misma ceremonia sin importarle que estuviéramos por allí. Hablaba con Dios con claridad, amor y sin reparos.

Yo me imagino al Señor contento por el cariño y desparpajo de aquella anciana que actúa con libertad. Sólo le importa el Señor y siente deseos de atenderlo pues, aunque no suele estar solo, sin embargo esos detalles, como es asomar la cabeza y hablarle,  seguro que le gustan y los agradece.

Es un buen ejemplo a seguir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario