sábado, 6 de septiembre de 2014

Diálogos de familia




Pasaba una familia por la calle y, mientras transportaban unos paquetes, el niño, todavía un crio,  dijo un taco, que yo no oí.

La madre lo corrigió: ”eso no se dice, está mal y no le gusta a Dios”. Diciendo esto  último, ponía un cierto fundamento al por qué estaba mal.

Pasaba yo por allí y oí la conversación y la madre aprovechó esa circunstancia para reafirmar al niño en lo que le decía y me dijo: ¿Verdad que está mal decir tacos? 

En cuestión de segundos me pasó por la cabeza mi respuesta preferida: decir tacos no es pecado,  pero si los padres lo prohíben a sus hijos,  estos deben  obedecerlos y el decirlos sería una desobediencia. Pero esta respuesta me pareció un poco larga. Y entonces me contenté con decir algo así como: mejor es no decirlos.

Pero el niño se defiende con una perfecta lógica infantil: y argumenta: yo se lo oí decir a papá.

Con buen sentido la madre resuelve la cuestión diciéndole: de tu papá imita lo que es bueno, lo demás, no.

El padre, que estaba allí,  callaba dejando a su mujer que formase los criterios de su hijo.
 
¡Estos niños ¡ qué lógica natural tienen. Y que bien si las madres  los corrigen y les  ayudan a formar su tierna conciencia sobre lo bueno, que agrada a Dios  y sobre lo malo que le ofende y nos afea. En cosas de más tomo,  hay que sentarse con calma con el niño y darle una buena y razonada respuesta.

Ésta es la primera obligación y responsabilidad de los padres, luego vendrán los catequistas y los buenos profesores que darán  explicaciones  más  profundas.

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