jueves, 13 de agosto de 2015

La mano la tengo sucia, pero la conciencia la tengo limpia.


Tuve la visita de un pobre extraño.  Era competente, sabía varias lenguas, pero ante la pregunta sobre de donde era, no pude obtener respuesta. A   todo más me dijo que  estaba mucho en Málaga. Por algún momento pensé  si sería alguien huido de la justicia, aunque no lo creo por lo que luego me dijo.

Al final pude saber  su nombre: Elio. Cuando me lo dijo,  le conté que ese era un nombre italiano pues yo conocí un D. Elio sacerdote en Roma. El sólo me dijo que no era D. Elio sino Elio.

Le día una pequeña limosna, como hago con casi todos, y ya le despedía en  la calle dándole la mano, pero en ese momento le salió un poco de su sabiduría: la mano la tengo sucia,  pero la conciencia la tengo limpia. Entonces le pregunté si hacía mucho que no se confesaba y me contestó que hacía poco tiempo. Y así  nos despedimos.

Ahora hay mucha gente que se preocupa de su cuerpo, estar en forma, hacer deporte, ducharse a todas las horas,  incluso perfumarse, estar limpio de cuerpo, pero de su conciencia, como me decía Elio,
no se preocupa. Quizá estos me podrían decir la mano si  la tengo limpia, pero mi conciencia sabe Dios como estará, pues no me la miro desde hace tiempo.

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