jueves, 11 de diciembre de 2014

La procesión del Viático




Llevar el Viático públicamente era costumbre hace muchos años, pero ahora se lleva discretamente y ya quedan pocos sitios en donde se haga de un modo público y notorio. Uno de esos sitios es Pontevedra,  en el  llamado Viático de los mareantes.
Los mareantes es un barrio de Pontevedra al lado de la ría y hay una cofradía del mismo nombre que tiene diversas actividades a lo largo del año y que acoge tanto a católicos como a ateos o indiferentes. Pero todos se llevan bien y están unidos.
Pues bien, el segundo domingo de Pascua, conocido  ahora como el domingo de la Divina misericordia, llevan el Viático a los  enfermos con toda solemnidad. No es  procesión o fiesta de Corpus, pero tiene cosas parecidas.
Las calles se adornan con alfombras de flores y sal teñida de colores. Son alfombras larguísimas que preparan  durante la noche del sábado al domingo. Primero trabajan los niños a  la orden de unas personas mayores y luego, cuando estos se van, empiezan los mayores que se pasan en la calle toda la noche preparando con detalle dichas alfombras.

El Santísimo que va  a ser dado en comunión a los enfermos sale de la iglesia de Santa María bajo palio. Le acompaña la banda de música de la Escuela Naval de Marín y abriendo la procesión van los gaiteros.
 Cuando llegan a la casa de un enfermo toca la banda de música y el sacerdote le lleva la comunión. Y así van haciendo en los demás enfermos.

 Desde luego el tráfico es desviado para que disfruten los mareantes y visitantes de esta magnífica procesión del Viático.
El año 2013, el sacerdote, que llevaba el copón con las partículas,  fue, por devoción, descalzo toda la procesión sin  nada de protección. Cuando le preguntaban por  esa decisión no le dio importancia. Piensan los fieles que fue alguna ofrenda personal.
Las personas mayores aún recuerdan como en algunas ocasiones vieron  procesiones parecidas. El sacerdote con la comunión y un grupo de fieles con  hachones encendidos acompañando al Señor. Una anciana me contaba, cuando le llevé la comunión a su marido, que sus padres le decían que cuando pasaba el Santísimo se arrodillasen aunque fuera en el barro o el agua.

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