lunes, 11 de diciembre de 2017

La historia de unas bolsas de ropa




En esta iglesia no cogemos ropa usada pues no tenemos locales en donde tenerla.  Pero la gente viene, deja a la puerta sus bolsas y se van, luego ya la cogerán para la iglesia.

Pues ya tenía tres o cuatro bolsas que me estorbaban en la iglesia y quería sacarlas a un contenedor de ropa. Las metí en el coche, quizá con poco cariño, y fui en busca de un contenedor.

Cuando no tenía que llevar bolsas,  los veía por todas partes, pero ahora no sabía a dónde dirigirme, pero me eché por las calles a la caza de un contenedor.

Llevaba las bolsas en el coche como los pecados, deseando  arrojarlos lejos de mí. Y buscaba un contendedor pero era algo parecido a buscar un confesor. Basta que lo busques,  que no lo encuentras. 

Ya por fin encontré un hermoso contendedor y fui llevando las bolsas,   las dejé con alegría por verme libre de su presencia y agradecido a estos contenedores que son tan útiles para reciclar toda clase de ropa y complementos, y ayudar a quien lo necesita.

 Pensé desde luego en el parecido con la confesión,  en donde el confesor acoge nuestros pecados y los perdona en nombre de Dios -desaparecen para siempre- y nosotros nos vemos totalmente liberados.

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